Para Nareni, que me dio las hojas para escribir.
En la primera fotografía hay un muchacho con la espalda llena de cicatrices, la luz del edificio vecino le pega de costado. Tiene la cara húmeda de sudor y los pómulos brillan. En la mano trae el jumper de la gasolinera en que trabaja. Sobre el tanque del escusado hay un frasco de aspirinas que se recorta contra la pared de azulejos.
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EFRAÍN, EL HOMBRE DE LA CÁMARA, ENCUENTRA UN CELULAR EN EL ASIENTO DE UN TAXI. EN LA PANTALLA ESTÁ LA IMAGEN DEL LETRERO DE UNA CALLE: HELSCHER.
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Se siente como si no existiera el frio ni el calor, como si nunca necesitaras comer o dormir, como un viento suavecito que te da en la cara cuando estás sudado. Es como tener el dedo en el gatillo.
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La segunda fotografía es en una tienda de mascotas. Una niña carga una iguana. La sostiene con los brazos extendidos hacia el frente, la cabeza echada hacia atrás. Trata de sonreir a la cámara pero su expresión es más bien de asco, los ojos se pierden más allá del fotógrafo. La respiración del animal se adivina lenta e insoportable.
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EFRAÍN BEBE EN UN BAR DE LA ZONA ROSA. SON MÁS DE LAS DOS Y LOS EMPLEADOS HAN BAJADO LA CORTINA DE METAL. ACCIONA UN ENCENDEDOR SIN GAS DE MANERA INTERMITENTE. LLORA EN SILENCIO DESDE HACE UN RATO.
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Es como estar parado en la orilla de un edificio muy alto, como cuando te dicen una mentira y te das cuenta. Es cómo los sueños en que sientes que caes y luego despiertas de golpe.
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En la tercera fotografía aparece una mujer con un cepillo de cerdas gruesas que chorrea jabón. Limpia el interior de una jaula vacía. Hay una pared en el fondo de la que cuelgan tres relojes de Estéreo Joya. El de la izquierda marca las siete y cuarto.
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EFRAÍN DESPIERTA CON UN SABOR A FIERRO EN LA BOCA. CUANDO TRATA DE ABRIR LOS OJOS SÓLO UNO LE OBEDECE, SE LLEVA UNA MANO AL PÓMULO Y UN DOLOR ELÉCTRICO RELAMPAGUÉA HASTA LA MANDÍBULA. MIRA SUS NUDILLOS ASTILLADOS CON EL OJO FUNCIONAL, ESTE SE ABRE DE SÚBITO. LOS DEDOS SE MUEVEN CÓMO ACTIVADOS POR UN RESORTE Y PALPAN EL SUELO DESESPERADOS BUSCANDO LA CÁMARA.
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Se siente como cuando te enteraste que Cobain se había disparado, Como el taladro del dentista, como fingir que no estás mientras el casero golpea en tu puerta.
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El viejo de la cuarta fotografía está sentado en la banca de un parque. Una de sus manos descansa sobre su regazo. En la otra sostiene un cerillo de madera. A sus pies hay más, ya consumidos. En el carton que cuelga de su cuello, alguién escribio Diabético. Rey del danzón. Estatua de la libertad.
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Se escucha como las uñas rasguñando un pizarrón verde, cómo Smells like teen spirit si la oyeras debajo del agua. Como el silencio cuando el refrigerador se apaga a las tres de la mañana.
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EN LA LÍNEA AZUL DEL METRO HAY UN HOMBRE QUE RASPA UNA BOTELLA DE ORANGE CRUSH VACÍA CON UN PEINE DE CAREY. SIGUE UN RITMO MONÓTONO Y GRITA. NINGUNA PALABRA ES COMPRENSIBLE. EFRAÍN LO MIRA Y PASA SUS DEDOS POR EL LENTE ROTO, OPRIME EL HUECO DONDE DEBERÍA ESTAR EL BOTÓN DEL OBTURADOR, IMPRIME SU HUELLA DIGITAL EN UN PEDAZO DE PELÍCULA.
